Ciudad Liquida en Perú

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Julie Marín

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 Ciudad Líquida 

En Perú

Una banda de rock, como todo proyecto, vive procesos, y cada uno de estos procesos, como en un ser vivo, son importantes para poder crecer y desarrollarse en toda su expresión. Tal vez sea difícil de entender por qué alguien quiere poner todo su corazón y su vida en algo así, pero lo real es que hay locos y locas para todo, y eso enriquece nuestras experiencias y nuestra vida en el planeta. Al menos es mi caso con Ciudad Líquida, banda que integro desde el 2002, año en que llegué a Bolivia, sin tener claro para qué, al menos hasta la primera vez que me subí al escenario a tocar con ellos y una electricidad recorrió todo mi cuerpo gritando “quiero hacer esto el resto de mi vida”.


Cuando recién comienza una banda, se reúne para ensayar, puede ser para tocar canciones favoritas y luego para componer canciones parecidas a las de sus bandas favoritas. Luego necesitas tocarlas, saber cómo es estar en el escenario y descubrir que no es lo mismo que en las cuatro paredes de tu sala de ensayo, que el público tiene vida y determina muchas cosas en el acto. Viviendo la experiencia de tocar frente a otros, de organizar conciertos o ser parte de estos, de trasladar equipos, de responder horarios, de publicitar eventos, de vivir momentos desagradables, divertidos o gloriosos, se va forjando una identidad como músico y como banda. Cuando un objetivo se cumple quieres otro:  grabar un disco, sonar en la radio, tener uno o más videos, que mucha gente conozca lo que haces y ojalá les guste para que sigan habiendo tocadas, para que el dueño del boliche te vuelva a dar fecha, para seguir componiendo canciones o sacando covers que te encantan. Quieres tener la experiencia de viajar a otras ciudades de tu país y descubrir cómo te va y si tienes el valor de enfrentarte a lo nuevo y lo desconocido. Son metas. Como ser la banda invitada de alguna radio u otro medio, recibir premios por tu trabajo, ser parte de festivales importantes de instituciones de tu ciudad. Y las metas se vuelven cada vez más grandes, como abrir a bandas conocidas del exterior, y la más importante: tocar en otro país.


Ése ha sido el gran sueño que me ha perseguido los últimos años, ya que mientras estás por decirlo, tocando de local, no tienes una clara perspectiva de si lo que haces es real, si es lo suficientemente fuerte para resistir la mirada de una cultura ajena por muy cerca que se encuentre, si acaso tu talento es suficiente para exhibirse en un escenario donde no están los amigos ni los fans. En otro país nadie te va a mentir. No te darán la palmadita en el hombro con la frase condescendiente  “estuviste genial como siempre”. No esperarán si te atrasas, no comprenderán si estás cansado o cansada para la prueba de sonido, si no te puedes apurar para afinar, etc. Es un examen, pero que aun así lo debes disfrutar, porque ni la gente ni tú quieren que estés con cara de apocalipsis en el escenario, sintiendo que tal vez seas un perdedor disfrazado o que tal vez  sí eres ese ganador que soñaste ser.


Por eso, haber podido concretar la tocada con la banda peruana Dolores Delirio en Juliaca y Arequipa, el 30 de junio y 1ero de julio, era toda una odisea para nosotros: al fin había llegado el momento de saber de qué estábamos hechos. Y nos sentimos felices de descubrir que, al menos esta vez, ha sido prueba superada, con momentos de harto estrés, pero también momentos alucinantes,  tanto por el viaje en sí mismo, como por el hecho de convivir con una banda conocida, experimentada y profesional  que lleva  un ritmo muy duro como para dar cinco conciertos en cinco ciudades en cuatro días. Y por supuesto, felices de haber logrado los aplausos, el aprecio y los comentarios entusiastas de la gente que nos vio. Como siempre, no estuvimos solos; siempre hay gente de gran corazón dispuesta a dar una mano para ayudar.


Tal vez así se sienten los futbolistas cuando van a jugar por primera vez como selección. Tal vez así se siente cuando recibes el primer contrato para tu producto. O cuando al fin obtienes el trabajo para lo que estudiaste. O cuando ayudas a sanar a tu primer paciente. Tal vez.
 

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