El Grillo en el "Muni"

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Pedro Pablo Siles

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 EL GRILLO 

en el “Muni”


Fueron dos años, un mismo escenario. Después de un ciclo admirable, el proyecto Llegas se despedía del público sobre la tarima más importante del universo musical paceño. El telón de una era se cerraba y el Grillo se alistaba para embarcarse en un largo periplo de búsqueda personal y de exploración musical.


Tras una temporada en la Argentina, profundizando sus conocimientos armónicos y refinando su técnica en la guitarra, llegó la época del encierro. Fueron meses componiendo, arreglando y conceptualizando Yo Es Otro, primer capítulo de un nuevo ciclo creativo y uno de los mejores álbumes de su carrera.


El Grillo empezó solo. Envuelto en la atmósfera de un elegante diseño de luces y escenario basado en el excelente arte de disco, a cargo de Lucho Aranda, salió a escena por su cuenta y quebró el prolongado silencio con la complicidad de un público emocionado. La banda se unió después de un par de temas y el cuarteto arremetió con “Antifaz” y “Momentos”, dos clásicos de la etapa más memorable de Llegas. Los nuevos reclutas estaban impecables: Heber Peredo demostraba su maestría en los teclados, mientras que Iván Guzmán marcaba el ritmo con aplomo. En el bajo, Peque Gutiérrez, antiguo colaborador del Grillo, se reencontraba con las canciones, desplegando su groove inconfundible. Cerraba filas Ramón Rocha, el extraordinario guitarrista cochabambino que ya hemos podido apreciar junto a Quimbando o la Banda del Fin del Mundo.


Las nuevas canciones no tardaron en llegar. “Cámara de eco” o “Love Lies Bleeding” se alternaban con las composiciones clásicas presentadas en versiones distintas, más cercanas al sonido y al tenor de Yo es Otro. El Municipal vibraba con “Cada beso” y con cada bis. El público sabía apreciar las novedades y corear los temas que ya son parte de su imaginario. Más no se puede pedir.


Bienvenido a casa, Grillo.