Lorde, de la rebeldía al melodrama

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Laura Ede

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 LORDE 

De la Rebeldía al Melodrama

 

Si en algún momento has pensado que podías ahogar todas tus preocupaciones fiesteando, pero de pronto te has encontrado en un vaivén de placeres instantáneos que sólo te han traído más remordimientos; el último álbum de Lorde, Melodrama, es para ti. Porque ser un adulto no es fácil, y ya han pasado cuatro años desde que la joven artista, a sus 16 años, sacaba su primer álbum Pure Heroine, el cual por un lado, reflejaba la experiencia adolescente de sentirse invencible, pero por el otro, proponía un antídoto contra un mundo saturado y obsesionado con la farándula y el glamour. 


En Melodrama, Lorde se desplaza de ese desencanto con la sociedad, propia de alguien con una percepción bastante formada y madura para su edad y explora este mundo caótico desde una perspectiva más sincera y personal, proyectando un amplio rango de emociones y texturas. A sus 20 años, la cantante neozelandesa de nombre Ella Yelich O’Connor demuestra una admirable capacidad de composición, no solo por su facilidad para hacer letras, llenas de sentidas metáforas y analogías, si no por la utilización de conceptos, que mantienen una inextricable conexión con sus experiencias de vida, lo cual vuelve su música genuina y real.


No es de sorprenderse, por lo tanto, que en el 2013, cuando el mundo anhelaba un sonido fresco que contrastara con el panorama musical del momento, en el cual la escena pop en especial, empalagaba por ser superficial y exageradamente mainsteam; Lorde encabezara la lluvia de artistas pop alternativos que fueron surgiendo, totalmente posicionada desde su excentricidad y ofreciendo esa autenticidad que la gente tanto esperaba.


Su irónico sentido del humor se despliega ingeniosamente, pues al estar obsesionada con la aristocracia, adopta el nombre de Lord-e (la “e” le da un toque más femenino) y seguidamente, nombra su primer hit, “Royals”. Por ende, se convierte en la artista más joven que ha llegado a ser N⁰ 1 en las listas Billboard por nueve semanas consecutivas, desde 1987. Su álbum respectivo, Pure Heroine, llega a la cima en Nueva Zelanda y Australia y se mantiene en el top 5 en las listas de Estados Unidos y Europa.


Este repentino éxito internacional, provocó un giro casi surreal en su vida. Desde entonces, la adolescente suburbana de clase media, que quería distanciarse de la artificialidad de ésta época, se encontró en un mundo donde los lujos y la fama ya no estaban fuera de su alcance. Casi inmediatamente después de su debut, Lorde ganó dos Premios Grammy, un Brit Award y diez Premios en Nueva Zelanda. El 2014, Consequence of Sound anunció que interpretaría el tema principal de Los Juegos del Hambre: Sinsajo - Parte 1, “Yellow Flicker Beat”, el cual recibió  nominaciones en la categoría de Mejor Canción Original en los Premios Globos de Oro y en los Critics’ Choice Movie Awards.


No es por nada que su segundo álbum tardó tanto en aparecer. La rebeldía tiene divertidas maneras de colocar a los artistas justamente en los círculos de los que tanto han querido escapar. Una vez adentro, Melodrama coloca al oyente en un desesperado vaivén de altibajos, puntos de transición y confusión. Después de ser la voz de muchos adolescentes despreocupados que no podían realmente unirse a la fiesta, Lorde baja desde su balcón y al acercarse a la adultez, comprende que la madurez es un poco más complicada que la experiencia de un adolescente que está harto de la sociedad.


Musicalmente, Melodrama deja de contenerse como el anterior álbum. Su pulso se ha acelerado y tiene un aire synth-pop ochentero más sincopado que nunca. No obstante, a pesar de haberse hecho de amistades famosas como Taylor Swift, Lorde se integra al círculo siempre subvirtiendo lo conocido.


En su álbum, habla abiertamente de los bajones que acompañan a la sobriedad después de una noche turbulenta, de la sensación de estar más sola que nunca buscando la respuesta en un último trago y de la perpetuidad del momento en el que todos los amigos comparten la adrenalina de esa pastilla o de la ilusión de que por un instante no existe un antes o un después. Y lógicamente, pues Lorde, después de terminar la relación con su ex el 2016, lo primero que buscó fue desfogarse.


Melodrama ha llegado a la cima de los Billboard como álbum, mientras que “Green Light” se ha posicionado en el N⁰ 1 del ránking de canciones. Este primer sencillo nos sumerge instantáneamente en el remolino de sus impulsos conflictivos. Furiosa con su ex y aún sin saber cómo dejarlo ir, también enfatiza el estar esperando esa luz verde que le otorgará su independencia anhelada, pero también temida. ¿Y quién no ha retrasado sus metas para quedarse un rato más en la oscuridad de la fiesta?


Sin embargo, no todo es dicha y juerga. Lorde también demuestra su fragilidad en baladas entrañables que demuestran una lucidez reflectiva y muy consciente de sí misma.


Dentro de todo, Lorde demuestra un profundo entendimiento de las dificultades que uno experimenta en los puntos de transición de la vida; el autosabotaje, las relaciones y encuentros casuales y los momentos de soledad, autoreflexivos y verdaderamente significativos. Nuevamente se instaura como la voz de su generación y del futuro, como alguna vez lo dijo David Bowie. Y para quienes ya hemos pasado por sus zapatos, Lorde suena como una reconfortante melancolía.