Royal Blood, nueva sangre para el rock

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Sergio Suxo Uría

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 ROYAL BLOOD 

Nueva sangre para el rock


En el verano del año 2013, Matt Helders, baterista de Arctic Monkeys, fue visto usando una camiseta con el nombre de la banda Royal Blood (antes del lanzamiento de su primer sencillo) durante su concierto del Festival de Glastonbury en julio, una gran señal de lo que estaba por suceder desde el año siguiente cuando este dúo británico lanzaba su EP “Out of the Black” y se transformaba en una gran promesa para la escena rockera, no solo europea, sino global.

El primer sencillo, homónimo del título del EP, nos lleva a pensar cómo logran impulsar tanto poder sonoro y cortes tan clásicos en beats y riffs de ´garage rock´ con tan solo un bajo y una batería. Y luego de la obvia (y quizás molesta) comparación con The White Stripes o The Black Keys, la voz de Mike Kerr nos entrega la respuesta a través de las canciones que siguen ya en el primer álbum de la banda: Royal Blood.

Ahora detengámonos por un momento en la estética del primer video que lanzó el dúo para el primer sencillo de ese álbum, “Figure It Out”: recorremos un centro comercial junto a la protagonista, una asesina caminando sin tapujos, que es hallada por un grupo de policías que tratarán de atraparla en una intensa pero fallida persecución. La historia en sí no sería tan impactante si no fuera por el uso del color (rojo y azul); este duotono provee a la música de un boost en energía que elevó el tema e incrementó la expectativa para lo que la banda mostraría más adelante.

Tres años han pasado y en How Did We Get So Dark los británicos se enfrentan al temido segundo disco con un sonido más sexy y melódico. “Lights Out” (que acumuló 2 millones y medio de reproducciones en YouTube en un mes) y “Hook, Line & Sinker” (medio millón en una semana), son muestras claras de que este disco de los de Brighton ha dado señales de éxito que permiten colocarlo como “uno de los álbumes más esperados del año” en la escena internacional de rock.

El material presenta pocos cambios, más en contenido que en forma, porque Ben Thatcher (batería) y Mike Kerr (bajo y voz) permanecen fieles a la dupla bajo-batería, y es en el sonido donde se adivinan nuevas intenciones. “Sí, es definitivamente más sexy”, dice el baterista. “Y creo que tiene que ver con la falta de presión, el relax que hemos sentido en el estudio. Puede parecer que estoy hablando tonterías, pero es verdad. Hemos estado más relajados ahora que con el primer disco, también a la hora de participar en el proceso de producción, y hemos querido darle un toque algo glam a las canciones, y no que fueran sólo headbangers”. Con estos pequeños aderezos, Ben cree que su música habrá cambiado “lo suficiente como para atraer a nuevos tipos de público. Veremos qué pasa”.

Grabado el pasado noviembre entre Bruselas y Londres con los productores Joylon Thomas y Tom Dalgety respectivamente, este disco ha sido para ambos la prueba de que van por el camino correcto. “En el estudio sentimos que teníamos mucha experiencia acumulada, muchas ideas nuevas, más apertura mental. La creatividad fluía muy rápido a nivel musical, la verdad. En cuanto a las letras, Mike ha estado escribiéndolas durante los últimos tres años más o menos, y los temas centrales han sido las relaciones de pareja, las rupturas sentimentales, los regresos… Ocurren muchas cosas a nivel lírico en el disco, y creo que Mike ha estado especialmente inspirado”, asegura Thatcher, que no ve elementos autobiográficos en las letras. “Creo que Mike estaba escribiendo sobre situaciones que se dan entre las parejas, a nivel general. No son cosas que le hayan pasado a él en particular”.

La portada del disco muestra dos figuras femeninas contrapuestas, sin mostrar la cara, en un sobrio blanco y negro que encaja a la perfección con el título del disco.

Cuentan quienes los han visto en vivo que sobre el escenario sacan su mejor cara, y declaran ellos que han hecho todo lo posible por dejar constancia de todo ese derroche de energía en las grabaciones de estudio. Hablando sobre esto, Ben recuerda una experiencia muy especial: “El festival Splendour In The Grass de Australia. Se hace al lado de unas playas increíbles en la zona de la Costa Dorada. Es el sitio más exótico en el que hayamos tocado jamás”. Y es que estos dos muchachos han recorrido ya medio planeta con dos discos publicados.

Los integrantes de Royal Blood confiesan estar deseando colaborar con los franceses Justice, y quizás este tipo de colaboraciones los lleven en un futuro a seguir mutando en sonido y presencia escénica. Por ahora han irrumpido a lo bestia en una industria en la que “lo que hoy funciona, puede no funcionar mañana”, como dice Ben con sabiduría. “Es la conclusión que sacamos a lo que hemos visto en la industria musical. Todo cambia muy rápido, y hay muchas cosas a las que todo el mundo tiene que adaptarse, los fans, los músicos y los empresarios. Hay que estar muy al día y eso lo hace excitante. Es difícil aburrirse trabajando en esto”.